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Historia de la
Filosofía - Jaime Balmes Capítulo
XXXVI -
SAN ANSELMO
XXXVI - SAN ANSELMO
191. Las doctrinas de Roscelin no se limitaron a la esfera filosófica;
el sutil dialéctico quiso aplicar sus doctrinas a la teología, y cayó
en graves errores sobre el augusto misterio de la Trinidad. Esto excitó
el celo de los doctores católicos, sobresaliendo entre ellos San
Anselmo, abad de Bec y luego arzobispo de Cantórbery. Este hombre
ilustre se distinguió, no menos que por sus virtudes, por la
elevación de su entendimiento; siendo el verdadero inventor del famoso
argumento con que se prueba la existencia de Dios ateniéndose a la sola
idea de un Ser infinitamente perfecto.
Helo aquí: Dios es lo más perfecto que se puede pensar: lo mejor que
se puede pensar no está en el solo entendimiento, pues en tal caso se
podría pensar una cosa más perfecta, esto es, la que existiese en la
realidad. Así resultaría pensada una cosa que no tiene mejor, y que al
mismo tiempo lo tiene; esto es imposible. Luego lo más perfecto que se
puede pensar existe en el entendimiento y en la realidad.
Este raciocinio contribuyó no poco a la celebridad de Descartes, quien
al proponerle disimuló o ignoró que hacía cuatro siglos se hallaba en
las obras de San Anselmo. Sea cual fuere la opinión que de este
argumento se forme, no puede negarse que su concepción honra
sobremanera la comprensión metafísica de su inventor, y que no es
posible elevarse a semejante raciocinio sin poseer profundos
conocimientos ideológicos y ontológicos. 192.
La idea dominante de San Anselmo era el conciliar la razón con la fe:
en sus escritos no se halla fárrago de discusiones inútiles ni de
vanidosas sutilezas, sino el lenguaje de un espíritu elevado, sincero,
penetrante, que busca con amor la verdad y la expone sin pretensiones de
ninguna clase. El mismo nos dice que al escribir las doctrinas de su
Monologio, no había pensado nunca que debieran ver la luz pública, sino
responde únicamente a sus amigos, de quienes creía que bien pronto
olvidarían la respuesta. Pero el merecido aprecio que de ella se hizo le
sorprende, y en consecuencia asegura que después de haber leído varias
veces sus escritos, nada encuentra que no esté acorde con lo que dijeron
los Padres, y especialmente San Agustín. 193.
El género y los límites de esta obra no me permiten detenerme en
ulteriores explicaciones de la doctrina y método de San Anselmo, y así me referiré a lo que
dije en otro
lugar. (V. El protestantismo comparado con el catolicismo en sus
relaciones con la civilización europea, tomo II, cap. 70 y siguientes,
y en la nota 11.)
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Filosofía - Jaime Balmes Capítulo
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