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Historia de la
Filosofía - Jaime Balmes Capítulo
LIX - JACOBI
LIX - JACOBI
340.
Es un hecho notable en la historia de la filosofía que para combatir un
error se suele caer en el opuesto, verificándose el famoso dicho de que
el espíritu humano es como un borracho a caballo, que cuando se le
endereza por un lado se tuerce por el otro. Kant y sus discípulos,
sujetándolo todo a la razón, inventaban los sistemas que acabamos de
ver, de donde salían el panteísmo, el ateísmo, el fatalismo, el
escepticismo; Jacobi quiso remediar el abuso de la razón destruyéndola,
y tomando por único criterio el sentimiento, con cuyo auxilio asentimos,
según él, a las verdades más fundamentales: la existencia de Dios, su
providencia, los principios morales, el libre albedrío, la inmortalidad
del alma, la vida futura. Cree Jacobi que la razón es un instrumento
pernicioso que sólo conduce al panteísmo y al escepticismo, y, por el
contrario, el sentimiento es una guía segura en el camino de la verdad; así decía que por el entendimiento era gentil y por el sentimiento era
cristiano de todo corazón. 341.
Salta a los ojos que si es dañoso el exagerar las fuerzas de la razón,
también lo es el abatirlas demasiado; por flaca que sea, es la luz que
el Creador nos ha dado, y no podernos extinguirla sin ingratitud para
con Dios y sin crueldad hacia nosotros; resultándonos imposible todo
juicio, por este sistema, lejos de huir del escepticismo, se cae otra
vez en él. Es indudable que en los procedimientos racionales llegamos al
fin a principios evidentes por sí mismos, que no podemos demostrar; que
además asentimos a ciertas verdades por un impulso natural, anterior a
la luz de la evidencia; que el conocimiento de las grandes verdades
sobre Dios, sobre nuestro destino, sobre la moral, se halla acompañado
en nosotros de sentimientos que nos inclinan a abrazarlas; creemos
instintivamente en la legitimidad de nuestras facultades naturales,
independientemente de las demostraciones filosóficas; pero junto con
esto poseemos la razón, flaca, sujeta a errores, sí, pero capaz de
conocer muchas verdades si la conducimos con imparcialidad, y, sobre
todo, con un vivo deseo de hacer de ella un uso legítimo, tal como
quiere el Creador, que nos la ha dado. (V. Filosof. fund., lib. I;
Ideología, capítulo XIV.) Jacobi fué presidente de la Academia de
Ciencias de Munich; nació en 1743 y murió en 1819.
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LIX - JACOBI
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