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Historia de la
Filosofía - Jaime Balmes Capítulo
II -
FILOSOFÍA DE LA CHINA
II -
FILOSOFÍA DE LA CHINA
11. No se debe juzgar de las ideas teológicas y filosóficas de la China
por las supersticiones populares: estudiando los libros de sus
filósofos se han encontrado doctrinas sobremanera notables, en cuanto
indican con harta claridad los vestigios de una revelación, confirmando
lo que se ha dicho con respecto a la India. Laokiun, sabio chino que
vivía antes de Confucio, emite ideas análogas a las de Platón y de los
Brahmanes de la India, en orden al misterio de la Trinidad; y
Lao-Tseu,
otro filósofo chino muy célebre, habla sobre este punto con un lenguaje
que admira. Abel Remusat ha publicado interesantes trabajos sobre las
obras de este filósofo; he aquí un notabilísimo pasaje que se halla en
sus Misceláneas asiáticas: «Antes del caos que ha precedido al cielo y a
la tierra existía un ser solo, inmenso, silencioso, inmutable, pero
siempre activo: éste es la madre del Universo. Yo ignoro su nombre;
pero le significo por la palabra Tao (razón primordial, inteligencia
creadora del mundo, según las Cartas edificantes). Se puede dar un
nombre a la razón primordial: sin nombre es el principio del cielo y de
la tierra; con un nombre es la madre del Universo... La razón ha
producido uno; uno ha producido dos; dos ha producido
tres; tres ha
producido todas las cosas. El que miráis y no veis, se llama J. El que
escucháis y no oís, se llama H. El que vuestra mano busca y no puede
tocar, se llama V. Estos son tres seres incomprensibles, que no forman
más que uno. El primero no es más brillante, y el último no es más
oscuro.»
M. Remusat observa que las tres letras J, H, V, no pertenecen a la
lengua china, y que las sílabas del texto chino no tienen sentido en
este idioma por manera que hay la extrañeza de que los signos del Ser
supremo no significan nada en la lengua china. Esto, unido a que las
tres letras casi forman el Je Ho Va de los hebreos, le induce a creer
que de éstos recibirían los chinos tan sublime doctrina. De la misma
opinión participan Windischmann
y Klaproth. En apoyo de ella no hay únicamente la razón filológica que
se acaba de exponer, sino la tradición entre los chinos de que
Lao-Tseu
hizo un largo viaje al occidente, en el cual pudo llegar hasta la
Palestina, y aunque no pasase de la Persia, pudo tener noticia de las
doctrinas de los judíos que habían estado recientemente en cautiverio
por aquellos países; supuesto que Lao-Tseu
vivía en el siglo VI antes
de la era vulgar. 12.
Al hablar de la filosofía de los chinos suele ocupar principalmente a
los historiadores la de Koung-futzee, o
Confucio, a quien se ha llamado
el Sócrates de la China, por haberse dedicado con preferencia a la
filosofía moral. Su obra lleva el título de Ta hio, o Grande estudio.
Vivía por los años de 550 antes de la era vulgar. Distínguese entre sus
discípulos Meng-tseu, quien desenvuelve el principio fundamental del
maestro: el deber que tiene todo hombre de trabajar en su propia
perfección. Clasifica Meng-tseu las facultades humanas en sensibilidad
externa y corazón o inteligencia; a ésta le señala por objeto el
buscar los motivos y los resultados de las acciones humanas. Por donde
se ve que a los ojos del discípulo como del maestro, la moral prepondera
sobre todo y las investigaciones psicológicas convergen a un solo punto:
el conocimiento del hombre como ser moral. La escuela de
Confucio enseña
también la máxima de que debemos portarnos con los demás del modo que
quisiéramos que se portasen ellos con nosotros. 13.
Atendiendo a los errores y superstición que vemos entre los chinos,
sería sorprendente hallar entre sus filósofos unas máximas de moral tan
pura si no encontrásemos hechos que nos explicasen el origen de
semejante doctrina. La moral se corrompe y debilita cuando no está
ligada con las grandes verdades sobre la existencia de Dios y la
inmortalidad del alma; y, por el contrario, se desenvuelve y florece
cuando la alumbran y vivifican esos dogmas. Así se comprenderá el origen
de las doctrinas morales de la China en sabiendo que este pueblo las
profesó desde la más remota antigüedad, según consta de sus libros
sagrados Chou-king, donde se halla consignada la adoración de un Dios,
gobernador del mundo, a quien
se dan los nombres de Tien-Ti, Chang-Ti, que significa cielo y señor del
cielo; como y también la Providencia, la inmortalidad del alma, y su
destino en la otra vida. La verdad es antigua; el error es moderno:
así lo manifiestan acordes la razón y la historia.
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Filosofía - Jaime Balmes Capítulo
II -
FILOSOFÍA DE LA CHINA
Capítulo I - Filosofía de la India
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