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Historia de la
Filosofía - Jaime Balmes Capítulo
VII - ESCUELA JÓNICA
VII - ESCUELA JÓNICA
20.
Thales de Mileto, en la Jonia, floreció por los años de 600 antes de
la venida de Jesucristo, distinguiéndose por su estudio de la
Naturaleza. Cultivó la geometría y la
astronomía, y puede ser mirado como el fundador de la física en
Occidente. Fue el primero de los griegos que pronosticó los eclipses del
sol y de la luna. Figura entre los siete sabios de Grecia; éstos eran:
Tales de Mileto, Quilón de Lacedemonia, Solón de Atenas, Pítaco de
Mitilene, Cleóbulo de Lidia, Bias de Priema y Periandro de Corinto. Los
seis últimos se ocuparon más bien de política que de filosofía. Pero
Tales se dedicó muy asiduamente a ella, no perdonando fatigas ni
viajes. Recorrió el Asia, la Fenicia, el Egipto, Creta; se puso en
relaciones con los hombres más distinguidos de aquellos países, en
particular con los sacerdotes, que eran a la sazón los depositarios de
la ciencia. 21.
Según Tales, el principio material de las cosas es el agua; pero la
producción no pertenece a ella, sino a Dios, mente o espíritu que la
fecunda. Sería, pues, injusto tenerle por ateo:
Tales de Mileto, el
primero que ventiló estas cuestiones, dijo que el agua era el principio
de las cosas, y que Dios es la inteligencia que lo ha formado todo del
agua. Tales enim milesius, qui primus de talibus rebus quaesivit aquam dixit esse
initium rerum: Deum autem eam mentem quae ex aqua cuncta fingeret» (Cicero,
de Natura Detrum, lib. I).
Admitió la simplicidad e inmortalidad del alma. Algunos le atribuyen la
famosa máxima: «Conócete a ti mismo.» 22.
Tales fue contemporáneo de
Ferécides, filósofo sirio, de quien dice
Cicerón haber sido el primero que sostuvo por escrito la inmortalidad
del alma: «ltaque credo equidem etiam alios tot saeculis: sed quoad
litteris existet proditum, Pherecides syrius primum dixit animos
hominum esse sempiternos» (Tusc., lib. I). 23.
Ferécides fue uno de los primeros escritores de filosofía, pero
Tales
puede ser mirado como el primer fundador de una escuela filosófica.
Veremos en seguida cómo se difundieron sus doctrinas por Grecia, siendo
probable que de allí sacó también gran parte de sus luces la escuela
itálica o de Pitágoras. 24.
Anaximandro, discípulo de
Tales, puso el origen de las cosas en el caos,
confusa mezcla de todos los elementos: todo sale del caos y todo
vuelve a él, por un
eterno movimiento de composición y descomposición. Lejos de hacer adelantar la doctrina de su maestro, la desfiguró: ya no
vemos la acción de una inteligencia que fecunda y ordena el caos, sino
un movimiento ciego; ya no hallamos explicado el mundo por un sistema
de principios activos o dinámicos, sino por la simple unión y
separación, idea grosera, que hizo después estragos en las escuelas
griegas, y que también los ha hecho en las modernas. En vez de la
inteligencia suprema enseñada por Thales, admite
Anaximandro una
innumerable serie de dioses que nacen y mueren; así allanaba por una
parte el camino del ateísmo y por otra la del politeísmo. Cuando no se
reconoce un Dios inmortal e infinito, se está muy cerca de no reconocer
ninguno, de ser ateo; y admitidas la generación y la muerte de los
dioses, la imaginación de la Grecia no hallaba freno a sus delirios
politeos. 25.
Es sensible que bajo el aspecto psicológico y teológico se extraviase
de tal modo el claro entendimiento de Anaximandro, a quien deben
notables adelantos las ciencias geográficas y astronómicas. Se cree que fué el primero que aplicó a la astronomía la oblicuidad del zodíaco.
26.
El sistema de Anaximeno se parece al de
Anaximandro, su maestro; es
otra corrupción del de Tales. Todo nace del aire y todo vuelve a él:
todo se hace por la condensación y dilatación del mismo elemento; la
diferencia entre los sólidos y los fluidos no reconoce otra causa. Si
la condensación es mucha, se forman las piedras, los metales, la tierra
y otros cuerpos semejantes, y si la dilatación llega al más alto punto,
resulta el fuego. El aire es inmenso, infinito, está siempre en
movimiento; y de aquí dimanan los fenómenos de la Naturaleza, y también
el alma humana. Es notable que Anaximeno se distinguió también por sus
conocimientos matemáticos y físicos; algunos le atribuyen la invención
de la gnomónica, o arte de trazar los relojes solares. 27.
Tanto Anaximandro como Anaximeno se parecen bastante a ciertos filósofos
modernos, que se distinguían por sus talentos matemáticos y eran muy
pobres en todo lo relativo a las altas cuestiones ideológicas y
psicológicas. Todo lo referían a los sentidos: lo que no se podía
medir geométricamente era ilusión; así llevaban a los espíritus por un
camino de error y de tinieblas. A ellos se podría aplicar el dicho de
Cicerón: Nihil enim animo videre poterant, ad oculos omnia referebant.
Nada veían con la mente; todo lo juzgaban por los ojos (Tuscul., lib.
I). 28.
Diógenes de Apolonia siguió las doctrinas de su maestro
Anaximeno.
Atribuye al aire la plenitud del ser, pues que le hace causa de todo,
incluso el alma humana. En esta idea tan grosera intenta cimentar su
sistema filosófico, en el que se propone reducirlo todo a un principio
único. 29.
Afortunadamente para la escuela jónica, no siguió
Anaxágoras de Clazomenes las huellas de
Anaximeno, su maestro; siendo esta reacción
tanto más saludable a la ciencia cuanto que Anaxágoras fue quien la
trasladó a un teatro más vasto y expansivo: Atenas. Pertenecía a una
familia rica, pero renunció a su patrimonio para consagrarse a las
meditaciones filosóficas. Dedicóse muy particularmente al estudio de
las ciencias naturales, con arreglo al espíritu de su escuela; opinó
en favor de los planetícolas y se le atribuye la explicación del iris
por la refracción de la luz. Pero su gloria principal consiste en
haber defendido el espiritualismo, que perecía a manos de la escuela
jónica, extraviada por Anaximandro y
Anaximenes. Admitió dos principios: espíritu y materia; de ésta se forma el mundo físico, pero aquél es
quien la dispone y ordena. El mundo no es hijo del acaso ni de una
fuerza ciega, sino obra del poder y sabiduría de una inteligencia
infinita: «omnium rerum descriptionem et modem, mentis, infinitae vi
et ratione designari et confici voluit», dice Cicerón (De Nat. Deor.,
lib. 1). 30. La idea que Anaxágoras se formaba de Dios no tenía nada de
panteísta; por el contrario, al propio tiempo que le miraba como
hacedor de todo, le consideraba distinto del mundo. Cuando, pues, le
hagan los panteístas el cargo de que admitía un Dios aislado del mundo,
si quieren significar distinto del mundo, en vez de disminuir el mérito
del ilustre filósofo de Clazomenes, le realzan en gran manera. Florecía
por los años de 478 antes de la era cristiana.
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Filosofía - Jaime Balmes Capítulo
VII - ESCUELA JÓNICA
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