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Historia de la
Filosofía - Jaime Balmes
Capítulo XXIX -
ECLÉCTICOS DE ALEJANDRÍA
XXIX - ECLÉCTICOS DE ALEJANDRÍA
166.
Sometido el mundo al imperio de Roma, y aumentada la comunicación
entre los pueblos, no se limitaron las escuelas a un pequeño círculo;
empezando desde entonces el espíritu de propaganda que tanto se ha
desarrollado en los tiempos modernos. Había, empero, algunos puntos
que, llevando ventaja a los demás, eran los centros del movimiento
filosófico. Descollaba entre ellos Alejandría, ciudad que había tomado
grande importancia bajo los Ptolomeos, y que ofrecía a los estudiosos el
aliciente de una biblioteca muy rica. Allí tuvo origen la escuela
llamada ecléctica, que escogía de las demás lo que le parecía verdadero
o más verosímil, sin ligarse con los principios de ninguna. 167.
Las causas de la aparición de esta escuela parecen ser: la misma
disolución a que había llegado la filosofía, disolución que inspiraba el
deseo de reconstruir el sistema de los conocimientos humanos; la mayor
comunicación de las ideas establecida por la unidad de mando
concentrado en Roma, ayudada por la difusión de las lenguas,
especialmente la griega y latina; y por fin, el impulso dado al
espíritu humano por el cristianismo, que vino a revelar verdades antes
desconocidas, aclarando además otras que los antiguos filósofos habían
alcanzado con oscuridad y confusión. Natural era, pues, que los
entendimientos poco satisfechos de las escuelas antiguas rechazasen la
sumisión a la autoridad filosófica y que quisieran escoger entre las
varias doctrinas lo que mejor les pareciera. 168.
Descollaron en la escuela de Alejandría muchos cristianos: bastará
nombrar a Potamón, San Justino, Atenágoras y Clemente de Alejandría, que
nos ha dejado el conocido pasaje en que describe su método: «Por
filosofía no entiendo la estoica, la platónica, la epicúrea o
aristotélica; lo que estas escuelas hayan enseñado que sea conforme a
la verdad, a la justicia, a la piedad, a todo esto llamo yo selecta
filosofía.» 169. La escuela ecléctica, proponiéndose escoger de todas las
doctrinas, propendía, naturalmente, al sincretismo, o sea a la fusión
de los varios sistemas por medio de una conciliación. Semejantes
empresas son harto peligrosas, pues queriendo dar un poco de verdad a
opiniones encontradas, hay el riesgo de perderla por entero. Así se
explican los extravíos de algunos miembros de aquella escuela. 170. Se ha escrito mucho en pro y en contra del eclecticismo; parece,
sin embargo, que éste no es punto que pueda ofrecer dudas, si se fija
bien el estado de la cuestión. ¿Qué se entiende por eclecticismo? ¿El buscar la verdad dondequiera que se halle? Entonces nadie dejará de
ser ecléctico. Así lo profesaba San Clemente de Alejandría (168); en
cuyo caso el eclecticismo no es más que el dictamen de la razón y del
buen sentido. Si por eclecticismo se entiende la reunión de varios
sistemas en uno, la manía de conciliar cosas contradictorias, la
ausencia de principios que den trabazón y unidad a la ciencia, entonces
el eclecticismo es el caos en filosofía, la negación de la verdad, la
muerte de la razón.
Aclaremos estas ideas: el eclecticismo se refiere al método o a la
doctrina; si al método, todos debemos ser eclécticos, porque todos
debemos buscar la verdad dondequiera que se halle; si a la doctrina,
no significa nada, o expresa la confusión de todas las doctrinas, y por
consiguiente la ruina de la verdad.
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