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Historia de la
Filosofía - Jaime Balmes Capítulo
LIV - CONDILLAC
LIV - CONDILLAC
306.
Este filósofo nació en 1715 y murió en 1780. Observa con minuciosidad,
clasifica con método, expone con lucidez, pero su pensamiento es poco
profundo. La doctrina de Locke no pareció a Condillac bastante
sensualista. La reflexión, que el filósofo inglés combinaba con las
sensaciones, la miró el ideólogo francés como inútil complicación del
sistema; en su concepto no hay dos orígenes de nuestras ideas, sino uno
solo: la sensación. La reflexión, en su principio, no es otra cosa que
la sensación misma, y es más bien un canal por donde pasan las ideas que
vienen de los sentidos que el manantial de ellas. Todo cuanto hay en
nuestros fenómenos internos no es más que la sensación, o primitiva o
transformada. La superioridad pertenece al tacto. 307.
Condillac hizo un esfuerzo por hacernos palpable su sistema ideológico,
y he aquí cómo pretende conseguirlo. Imagina una estatua organizada
como nosotros, animada de un espíritu, pero sin idea alguna, y le
supone un exterior todo de mármol que no le permita el uso de ningún
sentido, reservándose abrírselos el filósofo según lo creyere
conveniente. Empieza en seguida por abrirle el olfato, porque le parece
que éste es uno de los más limitados en orden a la producción de los
conocimientos, y continúa luego por los demás; los considera aislados
y en conjunto, observa lo que cada cual da de sí, y por fin se
encuentra con el satisfactorio resultado de que la estatua, sin más que
las sensaciones, va adquiriendo deseos, pasiones, juicio, reflexión;
en una palabra, todo cuanto hay y puede haber en el corazón, en la
fantasía, en la voluntad, en el entendimiento. Son admirables los
progresos que hace la estatua, hablando Condillac por ella, como se
supone. 308. Tan fecundo es semejante método de observación que el
filósofo francés llegó a mirar como inútil el supo per que el alma reciba inmediatamente
sus facultades de la Naturaleza; basta que se nos den los órganos para
advertimos por el placer y el dolor de lo que debemos buscar o huir; con dos resortes tan sencillos la obra del espíritu humano se hace por
sí misma; la experiencia sensible nos produce las ideas, deseos,
hábitos, talentos de toda especie. Condillac, metido dentro de su
estatua, habla como un oráculo; se conoce que los ideólogos anteriores
le parecían caviladores frívolos; tiene una indecible satisfacción al
ver que todo lo aclara con la antorcha de su nueva teoría. Platón, San
Agustín, Malebranche, tenían mucha dificultad en explicar la idea del
número; Condillac lo extraña, y en dos palabras les señala el camino
para salir del apuro; esos hombres habían creído que en la idea había
algo superior a lo sensible; esto no es así; la idea del número sólo
encierra sensación: la dificultad queda solventada. 309. Esta doctrina adquirió por breve tiempo aquella popularidad que,
por ser adquirida con demasiada prontitud, deja sospechar la escasez de
su fundamento y hace presumir lo endeble de su duración. Así ha
sucedido, y si
Condillac resucitase tendría el doble desconsuelo de ver las funestas
consecuencias que por de pronto se sacaron de su doctrina y el que en la
actualidad su sistema ha caído en un profundo descrédito en toda Europa,
incluso en Francia. (V. Filos. fund., lib. IV, caps. I y II. —Ideología, cap. I.)
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Filosofía - Jaime Balmes Capítulo
LIV - CONDILLAC
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