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Historia de la
Filosofía - Jaime Balmes
Capítulo LII - BUFFIER
Y LA ESCUELA ESCOCESA
LII - BUFFIER Y LA ESCUELA ESCOCESA
302. Las obras del P. Buffier, hombre de entendimiento muy claro y de
carácter enemigo de toda exageración, tienen ahora más nombradía de la
que alcanzaron en su tiempo: no hay historia de la filosofía donde no
se hable con elogio del sabio jesuita. La razón de esto se encuentra en
que al aparecer la escuela escocesa se observó que sus doctrinas tenían
analogía con las del modesto escritor, y el amor propio francés no ha
podido menos de hacer notar la coincidencia. No resolveremos si Reid se
habría formado con las obras de Buffier, ésta es cuestión de personas; basta hacer notar la relación de las cosas. 303. Buffier se fija mucho en la necesidad de distinguir entre la
verdad interna y la externa; esto es, entre lo que se halla
inmediatamente en nuestras propias ideas y lo que se ha de buscar fuera
de las mismas; nada quiere exclusivo; no condena el testimonio de
ninguna facultad natural del espíritu, y admite la legitimidad de
todas. He aquí cómo se expresa en su Tratado de las primeras verdades:
«La Naturaleza y el sentimiento de la Naturaleza es lo que debemos
reconocer como manantial y origen de todas las verdades de principio,
sea que vayan acompañadas de mayor o de menor viveza de claridad.
Porque el imaginarse que la Naturaleza nos guía bien cuando nos guía con
claridad más viva, pero que puede guiarnos mal cuando nos determina a un
juicio cuya claridad es menos viva, sería suponer que puede
conducirnos al error de un modo o de otro, lo que equivaldría a ignorar
lo que somos, lo que pensamos y lo que debemos. pensar» (capítulo 8).
«Un filósofo que cree haber alcanzado toda la verdad, aun la externa,
por haber hecho un largo tejido de proposiciones que se ligan bien, y
entre las cuales no se descubre ninguna contradicción, si no admite, por otra parte, como primeras
verdades aquellas que la Naturaleza y el sentido común inspiran al
género humano sobre la existencia de las cosas, podrá ser definido
como una especie de loco excelente lógico.» (Ibid, cap. XI.)
304.
En esta doctrina, que su autor desenvuelve con suma precisión y lucidez,
se halla el fondo de la filosofía escocesa, contenida en las obras de
Reid. Ya se entiende que aquí trato únicamente de la parte fundamental
de la filosofía y prescindo de las aplicaciones que de ello hayan hecho
los autores respectivos. Reid fue profesor de Glasgow, nació en 1704 y
murio en 1796. Uno de los más nombrados entre los discípulos de Reid es
Dugald-Stewart. Es notable que este último, al explicar en sus
Elementos de la Filosofía del espíritu humano el origen de la
diferencia de la certeza entre las ciencias ideales y reales,
reproduce también la doctrina del P. Buffier en su Tratado de las primeras verdades. (P. I, cap. XI.)
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